Desde muy niño mantuve relaciones con vampiros.
Tenía yo la sangre muy dulce.
Nunca vi en ellos ásperas alas peludas, ni caras demacradas, ni capas negras.
Al contrario, los veía, bellos, muy bellos ¿por qué no ser yo así?
Al contrario, los veía, bellos, muy bellos ¿por qué no ser yo así?
Se acercaban a mí en forma de ángeles protectores.
Me susurraban al oído con voz aterciopelada.
Me envolvían con cálidas caricias.
Los vampiros son seres fantásticos para las jóvenes vírgenes ingenuas deseosas de ser admiradas como yo.
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