martes, 9 de mayo de 2017

Cuerpo, mente, comunicación - Alfa Ínstitut - Joaquín Benito: EXPRESION CORPORAL CON TERCERA EDAD

Cuerpo, mente, comunicación - Alfa Ínstitut - Joaquín Benito: EXPRESION CORPORAL CON TERCERA EDAD: EXPRESION   CORPORAL CON TERCERA EDAD Joaquín Benito Vallejo www.movimientoyexpresion.org I Congreso Internacional de Expresión Cor...

Hacia el año 1986 comencé a elaborar un proyecto para trabajar con 3º edad tomando como base la psicomotricidad y la expresión corporal, materias con las que estaba trabajando con niños. Un año después, 1987, inicié esta experiencia en un Centro del Ayuntamiento de Madrid.  Paralelamente, accedí a otro Centro del Ministerio de Asuntos Sociales, hoy perteneciente a la Comunidad de Madrid. Desde entonces trabajo diariamente con 5 grupos compuestos por un número aproximado de 24 personas, de edades comprendidas entre 65 y 95 años de edad, -teniendo en cuenta a la persona de mayor edad que he tenido-.


En aquel tiempo yo era muy ingenuo al respecto, más bien ignorante. Creía que los viejos eran esos señores que van arrastrando los pies por la calle, encorvados, sostenidos por un bastón, a los que había que ayudar a hacer todo pues carecían ya de la facultad de valerse por sí mismos. Consideraba todo un éxito el hecho de que esos “carcamales” se apuntaran a mis clases, a la vez que, asustado, me preguntaba qué podría hacer yo, con ellos.
Los libros en los que me instruía no mejoraban esa imagen de la vejez, más bien la reforzaban. En todas las esferas la vejez era considerada sin excusas, como una deficiencia física y mental progresiva, por lo que las posibilidades de realizar una actividad con el colectivo de personas que engloban esa edad se estimaban muy escasas. Yo era a la vez idealista y pretencioso, quería hacer un trabajo inédito basado en la integridad “biopsicosocial” del ser humano, y rechazaba rotundamente las prácticas mecanicistas. En esas circunstancias mis planteamientos eran como querer cruzar el océano a nado, sin saber nadar y con miedo al agua. Y, desesperado quizá, me tiré al agua.

Desde luego, afortunadamente, los viejos no eran como los pintaban los libros, ni como yo, ya me había hecho a la idea. ¡Se movían, sentían, reían, bailaban, se emocionaban, pensaban...!

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